4. Darwinismo tecnológico: competitividad y cooperación

Evolución tecnológica

La evolución de la tecnología es un producto de la evolución cognitiva de la especie, con tendencia al aumento de la capacidad. Cada paso de la Historia humana pone a las diferentes generaciones ante un ambiente de problemas nuevos, que requieren soluciones innovadoras. La tendencia es al aumento de la complejidad del problema. Los problemas modernos pueden tener una base natural, como enfermedades o sequías, pero esencialmente nos hemos alejado de la mayoría de estas contingencias a través del proceso civilizador. Los nuevos problemas que surgieron fueron entonces los de naturaleza civil, pero también los militares. Cuando se pone en perspectiva la Historia, se observa una tendencia a la unificación de la especie en civilizaciones mayores, las cuales se lograron a base de innovaciones sociales como los imperios, las religiones, la nación-Estado, los organismos internacionales, etcétera. No obstante, gran cantidad de estos procesos de unificación se llevaron a cabo a través de la fuerza, mediante guerras y conquista. Platón afirmaba en su diálogo República, en el siglo IV a.C.: “La necesidad es la madre de la invención. No hay mayor necesidad que aquella de la supervivencia.

La tecnología como arma

Las guerras y catástrofes suelen ser los ambientes en los que las innovaciones ocurren a pasos agigantados. Dos factores contribuyen a ello: (a) la dimensión de la pérdida en coste humano que supone un fracaso (evaluado mediante el cálculo estratégico y que provoca un esfuerzo humano extraordinario); (b) la limitación de recursos, que hace necesario afinar el ingenio y esfuerzo inventivo. A pesar de que una tecnología se desarrolle para la guerra, a menudo la misma, modificaciones o la teoría básica que la posibilitó, pueden aplicarse al ámbito civil. Algunos ejemplos paradigmáticos son los orígenes de la ingeniería naval, la tecnología de cohetes durante la Segunda Guerra Mundial, los submarinos, el GPS, etcétera.

Tecnología para la cooperación

Si bien la competencia es claramente un catalizador de innovación, la cooperación también lo es, aunque de diferente manera. La tecnología que se desarrolla con intención cooperativa es menos susceptible de ser utilizada para acaparar un recurso, aunque sí puede modificarse para tal efecto. Ejemplos de tecnologías basadas en una intención inicial cooperativa serían la escritura, las finanzas, la prensa, la democracia, el reciclaje o Internet. Para interiorizar esta idea pensemos en Internet, el cual puede ser usado para propagar ideologías extremistas, pero es fácil ver cómo la mayoría de los usos de un Internet abierto han contribuido a crear un mundo más positivamente interconectado.

La cooperación es un mecanismo natural para afrontar el problema de la limitación de recursos. Ante un ambiente de recursos limitados, la evolución darwinista o las innovaciones tecnológicas se producen para maximizar un recurso limitado de tal manera que beneficie al ecosistema en conjunto en mayor medida que al conjunto de sus partes (actuando destructivamente en un juego de suma cero). Evolutivamente, cuando la cooperación o coevolución se producen es porque estas son las soluciones más eficientes ante un problema natural dado (no quiere decir que siempre exista una alternativa en el mundo natural). La naturaleza es un juego de competición y cooperación perpetuas.

La diferencia entre la naturaleza (que encuentra soluciones cooperativas inteligentes en mutaciones aleatorias priorizadas mediante mecanismos de supervivencia) y las sociedades (que desarrollan innovaciones), es la capacidad de nuestro cerebro para modelar teorías, experimentar y aprender de los errores y accidentes. La capacidad estratégica es otra de las funciones cerebrales, como el lenguaje o la sensibilidad artística.

Competitividad y cooperación, dos caras de una misma moneda

La competitividad y la cooperación son pues compatibles y también complementarias. Un ejemplo es la economía capitalista. Cuando se analiza la economía capitalista es imposible negar su funcionamiento automático. Es lo que Adam Smith denominó la mano invisible, en su obra fundamental The Wealth of Nations (1776). Esto llevó a algunos economistas, principalmente liberales y neoliberales, a teorizar sobre el autoequilibrio de los mercados y la necesidad de no intervenir desde el gobierno. Es innegable que los mercados capitalistas alcanzan equilibrio, pero también es innegable que fue necesaria la intervención gubernamental para eliminar el trabajo infantil, la explotación laboral, la explotación descontrolada de recursos naturales, rescates financieros para reajustar el sistema, etcétera. Aún queda por resolver la paradoja de la sostenibilidad ambiental junto con la necesidad de crecimiento económico exponencial. Estas correcciones no dejan de ser aumentos de la cooperación; mejoras organizativas para el bien común de los miembros de una sociedad. En el proceso hemos descubierto, además, que una sociedad humana en la que se comparte más se vuelve más resistente y desarrollada. Resumiendo, se permite una competitividad enmarcada en un marco regulatorio, lo que no deja de ser un “juego”.

No es casualidad que gran parte de las innovaciones humanas en cooperación tengan que ver con la gestión de la información. La mejora en los patrones de gestión de la información o el aumento de la capacidad organizativa aporta grandes beneficios. La relación beneficio/riesgo tiende a incentivar la adopción de los mismos. Prueba de ello es el avance cultural humano, que puede experimentar retrocesos, pero tiene tendencia al aumento de complejidad y sofisticación.

Los fundamentos de la estrategia cooperativa

Los instintos biológicos de autopreservación y de protección de la descendencia son el origen de la militarización de nuestra mente a nivel individual, y su posterior proyección a escala social. Varios mecanismos biológicos conforman tales instintos como: el miedo al daño físico y la muerte, el impulso sexual, el instinto materno… Otros mecanismos evolutivos como la empatía, el raciocinio, la plasticidad cerebral o la memoria nos permiten sobrepasar los instintos más defensivos y depredadores de nuestra especie en pro de la cooperación social; aunque para ello deben darse condiciones sociales favorables (líderes cooperativos, cansancio de guerra, ausencia de dogmatismo y adoctrinamiento en ideologías de guerra y conquista, etcétera).

En este sentido, la mayoría de nosotros entendemos y aceptamos hoy en día que hay mucho que ganar y poco que perder en el juego de la cooperación social; incluyendo la seguridad de nuestra descendencia y la nuestra propia. Esto también se puede ilustrar con una matriz basada en el equilibrio de Nash para una situación de conflicto por un recurso:

Tabla 2: Ejemplo de matriz resolutoria, basada en el equilibrio de Nash, para un conflicto por un recurso dado.

PERSPECTIVA HISTÓRICA DE UN CONFLICTO POR UN RECURSOAceptaría acuerdo de explotación (Jugador 1)Exigencia unilateral de derechos de explotación (Jugador 1)
Aceptaría acuerdo de explotación (Jugador 2)Posición de acuerdo Jugador 1 Valor del recurso (+) Jugador 2 Valor del recurso (+)Jugador 1 Valor del recurso (++) Jugador 2 Cede (0)
Exigencia unilateral de derechos de explotación (Jugador 2)Jugador 2 Valor del recurso (++) Jugador 1 Cede (0)Posición de conflicto Ganador Valor del recurso (++) Recursos invertidos en el conflicto (-) Perdedor Recursos invertidos en el conflicto (-)

Esta matriz es simple, pero permite entender que la pérdida de recursos derivada de un conflicto incentiva la opción cooperativa (el valor total de los recursos es mayor en términos absolutos). Este factor, de hecho, aumenta a medida que los conflictos se vuelven tecnológicamente más avanzados y presentan mayor movilización social. Es decir, el riesgo asumido en la posición de conflicto aumenta.

Si se repitiese este ejercicio con los mismos contendientes, el perdedor del conflicto se vería ahora estratégicamente presionado a defender con más esfuerzo sus intereses, ya que se encuentra en una posición en la que el oponente se ha reforzado. De lo contrario, el ganador “aprenderá” que la estrategia que maximiza su beneficio es la “posición de conflicto” (a costa de un perdedor).

El dilema del prisionero varía en función de si la “posición de conflicto” supone un riesgo existencial o solamente una ausencia de beneficio. En ausencia de beneficio es más probable que se acepte riesgo, ya que el riesgo asumido es solamente la pérdida de competitividad. En cambio, un conflicto militarizado implica siempre un riesgo de pérdida elevado.

Si nos encontramos ante un escenario con armas de destrucción masiva, entonces la “posición de conflicto” supone un riesgo existencial. Si nos encontramos ante un escenario con desarrollo de tecnologías de IA, entonces la “posición de conflicto” supone un riesgo existencial; pero la “posición de acuerdo” supone un beneficio exponencialmente creciente para todas las partes.

La difusión de la innovación

El modelo de difusión de la innovación es un proceso teorizado inicialmente por Everett Rogers (1962), y posteriormente estudiado por muchos profesionales de las ciencias socioeconómicas y la antropología. Aplicado a las condiciones actuales de desarrollo tecnológico exponencial, globalización e hiperconectividad, este modelo apunta a una rápida propagación de las tecnologías de IA; incluso en países y grupos aislados. La evolución tecnológica, al igual que otras innovaciones sociales, se propaga a través de la memética (Richard Dawkins, 1976), término este acuñado como analogía entre la evolución cultural y la evolución genética de la biología. Los memes se pueden crear y aprender, no requiriendo la creación de descendencia para su autopropagación. A pesar de las obvias diferencias entre ambos, se mantiene el principio de preservación de aquellos sistemas que son los más aptos a un entorno dado (Herbert Spencer, 1864).

Tecnología darwinista

Si bien la tecnología que hasta ahora hemos desarrollado presenta, pues, características darwinistas, algunas de las tecnologías de software informático lo son en su sentido más estricto.

Los algoritmos y software evolutivo generan copias con alteraciones aleatorias de sí mismas, que posteriormente se someten a test (resolución de un problema concreto). Sólo las simulaciones que mejor resultado obtienen son preservadas, produciendo un proceso de filtrado darwinista. Han probado ser herramientas muy potentes, que generan resultados que a menudo son contraintuitivos a la inteligencia humana o directamente incomprensibles, pero exitosos en la consecución de objetivos. Casos que han hecho titulares de prensa son los mencionados Alpha Go y Alpha Zero con el juego ancestral Go; pero también juegos con varios operadores autónomos mixtos (IA y humanos en un escenario de información incompleta), como casos recientes para competiciones de StarCraft II y póker. En estos casos, la IA inicialmente descubre las estrategias comúnmente utilizadas por nosotros y las perfecciona o aplica con mayor eficiencia, para posteriormente encontrar patrones de organización o ejecución diferentes y superiores a los que habitualmente encontramos los seres humanos.

En algunos experimentos con juegos simples Atari (basados en puntos de recompensa), el algoritmo no tiene programadas instrucciones sobre el juego al que se somete. Los objetivos son descubiertos mediante la interacción del algoritmo con el entorno del juego.

En un conflicto entre software evolutivo puramente encuadrado en el ámbito informático, el algoritmo evolucionará para lograr su objetivo, coevolucionando y compitiendo en un ecosistema de software, de manera análoga a la evolución biológica tal como es explicada en la Red Queen hypothesis[3] (aunque a velocidades electrónicas). Esto también será verdad para sistemas informáticos que interactúen con nuestro ámbito físico cotidiano mediante el Internet of Things (en este caso a velocidades limitadas por la mecánica y los sensores externos disponibles). Como plantea el trabajo en filosofía evolutiva Other Minds: The Octopus and the Evolution of Intelligent Life (Godfrey-Smith, 2016), las mentes con capacidad de aprendizaje evolucionan en interacción con otras mentes.

Este tipo de software suele demandar una gran cantidad de recursos computacionales, pero el abaratamiento de la supercomputación, previsible como resultado de la ley de Moore[4], nos sitúa en un escenario de proliferación de estas capacidades. Las empresas tecnológicas con base en EE.UU. se rigen por las leyes de exportación federales. Hoy en día existen bloqueos de tecnología para evitar la proliferación de ciertas capacidades informáticas. Aquí nos encontramos de nuevo con el problema derivado del cierre de la brecha tecnológica que se está produciendo a nivel global. El software evolutivo conlleva un riesgo inestimable, y va a proliferar.

Notas

[3] La Red Queen hypothesis es una hipótesis evolutiva, desarrollada por Leigh Van Valen en 1973, que propone que los organismos, con el objetivo de sobrevivir mientras compiten y se enfrentan a otros organismos evolutivos en un ambiente en constante cambio, deben adaptarse constantemente, evolucionando, proliferando y ganando ventaja reproductiva.

[4] La Ley de Moore, nombrada en honor a un artículo científico de Gordon Moore en 1965, es la observación de que el número de transistores de un circuito integrado denso se duplica aproximadamente cada dos años; lo cual implica un desarrollo computacional exponencial.

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